28/04/2014

De usar y tirar

Los orígenes del plástico se remontan a finales del siglo XIX, pero no fue hasta 1909 el momento en que se inventó la baquelita, el primer plástico totalmente sintético de la historia. Posteriormente fueron avanzando químicamente y a partir de la segunda mitad del siglo XX, el plástico ha colonizado todas las esferas de nuestra vida, y nuestra cotidianidad está a nivel de consumo marcada por los objetos de un solo uso, en especial en la industria del envase para la alimentación humana.

Hay decenas de miles de tipos específicos de plásticos, agrupados dentro de poco más de una decena de sus tipos. Tienen una vida que va de 400 a 700 años hasta degradarse y desaparecer totalmente. Sin embargo, la mayoría de ellos, son usados y fabricados para un solo uso, esto incluye a envases de todo tipo y de uso cotidiano. Es una paradoja que a nivel medioambiental está haciendo estragos y que supone un gran reto para la humanidad.

En el año 2012, a nivel mundial, se produjeron 280 millones de toneladas de plástico. En Estados Unidos, el porcentaje de plásticos que se recupera frente al producido es de un 7%, en Europa del 25 %. El resto o no es reciclable, se desecha indebidamente en el entorno o se exporta a países en vías de desarrollo.

Se calcula que solamente en Estados Unidos, cada cinco minutos se usan y se desechan dos millones de botellas de agua, de las cuales solo un 10% son recicladas. Cada año, más de seis millones de toneladas de basura acaban en los océanos, en su mayor parte plásticos. Y se calcula que en total puede haber más de 100 millones de toneladas de basura en suspensión en los mares y océanos de todo el mundo.

En el año 1997, Charles Moore, un navegante y oceanógrafo británico, descubrió una gran mancha de basura en el norte del océano Pacífico. Posteriormente se ha llamado la Isla de Basura o el séptimo continente, dado que a día de hoy tiene la superficie de tres veces España, aproximadamente 1.400.000 km2, y se estima que puede contener decenas de millones de toneladas de desechos, y sigue creciendo. Esta superficie se ha creado dada la confluencia en ese punto de dos corrientes que al arremolinarse llevan toda la basura y cuerpos flotantes tóxicos a un mismo lugar. La mayor parte de esta basura proviene de las costas de Japón y Estados Unidos (80%) y también de embarcaciones y puestos flotantes (como bases de extracción de petróleo) en estos océanos. Existen cuatro manchas similares, aunque de menor tamaño, en otros puntos oceánicos del mundo que provienen de otros países, pero todos los mares y océanos del mundo están contaminados por este material.

La mayoría de los plásticos que se concentran en estas manchas son de tipo fotodegradables, su propia degradación hace que se transformen en minúsculas partículas hasta un nivel molecular y viajan por las corrientes marinas de todo el globo. Dado su minúsculo tamaño, se confunde con el zooplancton, siendo ingerido por las medusas y otros pequeños seres invertebrados y ellos a su vez ingeridos por otros animales marinos. En la superficie marina de estas zonas contaminadas, según diversas investigaciones, hay más partículas de este tipo que zooplancton. También peces, grandes cetáceos y sobre todo aves ingieren plásticos de larga duración, algunos muriendo a causa de su ingesta, otros siendo ingeridos por otros animales con dichos materiales dentro de sus cuerpos. De este modo, el plástico entra (ha entrado ya) en la cadena alimentaria de todo el ecosistema, incluida por supuesto la del ser humano, teniendo esto incalculables impactos para nuestra salud. Nuestro propio modo de vida y de consumo afecta a nuestra salud, y comemos lo que tiramos. Inverosímil pero real paradoja.

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Foto Chris Jordan

Cada año un millón de aves marinas y 100.000 animales marinos, entre ellos delfines, tortugas, peces y grandes cetáceos mueren por la contaminación de plásticos. Y a nivel ecosistémico es incalculable la cantidad de especies que están afectadas por la contaminación marina de residuos plásticos y químicos humanos. Todo esto sin sumar el impacto de la pesca marina realizada de manera no sostenible.

Por otra parte, recientemente, en 2013, la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la UNEP (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) publicaron un informe donde alertaron de los peligros de algunas sustancias químicas (cosmética y protección solar sobre todo, parábenes y otros), entre ellas el Bisfenol A, presente en objetos, envases y muchos plásticos de envase alimentario de un solo uso. Estas sustancias funcionan como disruptores endocrinos y se vinculan a trastornos endocrinos propiamente, algunos tipos de tumores, funcionamiento cerebral y de fertilidad. En animales concluyen que los disruptores pueden estar vinculados a caídas demográficas que se han apreciado en los últimos años en algunas especies. Los han definido como amenaza global para todas las especies y para el medio ambiente.

Por todos los motivos descritos son muchas las organizaciones, como la Environmental Cleanup Coalition, o la Plastic Pollution Coalition, que se ocupan de la misión de difundir ideas y desarrollar acciones para solucionar el problema que ha generado el invento del siglo XX. La alimentación de proximidad y local, la reducción de envases y bolsas y la participación en proyectos de limpieza son algunas de las claves que plantean. Sin embargo, el reto como Humanidad para con nuestro medio y para con todos los que lo habitamos es, a día de hoy, oceánico.