30/09/2013

Esto no es una pipa

Con la intención de analizar hasta qué punto los seres humanos podemos adaptar nuestras opiniones a las del grupo del que formamos parte, el psicólogo estadounidense Solomon Asch, pionero en psicología social, realizó en el año 1951 una serie de experimentos que demostraron cómo un individuo es capaz de cambiar de opinión a causa de la presión social y, lo que resulta más sorprendente, hacerlo además de manera voluntaria y negando la evidencia.

Los investigadores pidieron a unos estudiantes que participasen en una ‘prueba de visión’ en la que debían comparar la longitud de una serie de líneas impresas en un papel. Todos los participantes estaban compinchados excepto uno, y en realidad el experimento consistía en observar cómo éste reaccionaba frente al comportamiento de los demás como grupo.

El experimento se repitió con 123 protagonistas diferentes y los resultados revelaron que si los compañeros acertaban la respuesta, el sujeto fallaba solamente el 1% de las veces, mientras que si optaban por la respuesta errónea de manera unánime, el sujeto se dejaba llevar por la aplastante mayoría y escogía la misma respuesta que ellos en casi un 37% de los casos, aún siendo consciente de que su elección no encajaba con la realidad que estaba observando.