17/02/2014

El repartidor de periódicos

La industria que más ha evolucionado, la única que realmente ha evolucionado, es la industria de la comunicación; dispositivos móviles, redes sociales, internet, broadband. La comunicación ha permitido un mundo súper conectado acelerando cambios económicos y sociales con una rapidez hasta hace poco inimaginable. La era que vivimos es la del acceso universal, formamos parte de una consciencia global donde la información es inmediata sin barreras tecnológicas o geográficas. Philip K Dick, Asimov  o Stanislav Lem no pudieron imaginar un mundo donde el saber de mil Alejandrías estuviera almacenado en un espacio etéreo llamado nube y accesible a golpe de click, donde quieras, cuando quieras, lo que quieras. Julio Verne no pudo imaginar comunidades formadas por millones de individuos, siglos de cultura en la palma de la mano, toda la historia en gran cinemascope a través de unas simples gafas, un mundo donde autor y espectador se funden, se confunden, se intercambian hasta formar una sola entidad.

Y en este mundo en plena transformación, que gira más rápido y gira diferente, el repartidor de periódicos continúa pedaleando colina abajo y sin frenos, directo hacia ese abismo donde las cosas ya no tienen razón de ser. Los principales diarios españoles han pasado de tener de media 200 mil lectores que pagaban euro y medio cada día, a seis millones que no pagan un céntimo. Han pasado de 200 mil lectores y una estructura de dos mil empleados, a seis millones de lectores y la mitad de la plantilla, de facturar 500 millones anuales a luchar por alcanzar los 300 millones. De marcar al político el camino a pedirle ayuda para subsistir. Y el repartidor se precipita colina abajo, cada vez más rápido.

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Los principales grupos periodísticos diseñaron un lucrativo modelo de negocio basado en tres fuentes de ingreso: la venta de contenidos, la publicidad y las promociones. Pero, aunque eran los contenidos el reclamo de las otras dos, fue ésta la partida que sacaron de la cuenta de resultados, reduciendo el precio, menguando el valor. Cuando el negocio promocional se agotó y la crisis hundió la inversión publicitaria a la mitad, los contenidos no valían nada, aspecto bastante paradójico, pues son consumidos por millones de internautas y cuestan mucho de elaborar.

Hace rato que el precipicio es visible para el repartidor de periódicos, hace tiempo que sabe que tiene que virar hacia nuevos horizontes, con modelos de negocio más sostenibles. Pero hace tiempo que el repartidor cambió la bicicleta por un camión de 16 ruedas y 20 toneladas. Y maniobrar ese trasto no es nada sencillo.

La industria que más ha evolucionado, la única que ha evolucionado, es la industria de la comunicación, pero esa evolución conlleva cambios dramáticos en el modelo de negocio de los agentes que participan, en su estructura y en la forma en que se relacionan con su audiencia. Se levantarán murallas de pago, y caerán castillos, se unirán familias y se fusionarán imperios. Se derramará sangre, ya hay mucha sangre en el campo de batalla, demasiada, pero también habrá riqueza, porque hablamos de un mercado de 7000 millones de consumidores, y el premio será para aquellos que mejor sepan gestionar  la incertidumbre y monetizar sus contenidos. Sacar partido de un bien tan preciado como es la información.