28/10/2013

La isla de las flores huele a basura

La ironía aparece desde el principio y sobre fondo negro y con descarnado cinismo podemos leer ‘Esta no es una obra de ficción’, ‘Existe un lugar llamado la isla de las flores’ y ‘Dios no existe’. La retórica continúa en parodia y la risa se instala con un sucesión reiterativa de imágenes y conceptos que parecen explicados a un extraterrestre.

Del tomate a la torre de Babel, de una vendedora de perfumes a la economía global, del trueque al capitalismo, de Da Vinci a la bomba atómica, todo es racional, explicativo, buscando a cada elemento su lugar y a cada fenómeno su sitio dentro de la aparente lógica humana, de cerebro altamente desarrollado y pulgares oponibles.

Pero esta terca repetición de una lógica de conceptos y relaciones de ideas no hace sino poner de manifiesto lo ilógico de la situación de los humanos y empieza a dolernos lo que vemos, la ironía nos abofetea y el tinglado queda desvelado. Ya no hay razones para la risa, a partir de ahora veremos todo aquello que se ocultaba debajo de las retóricas explicaciones y que revela el destino del hombre, aquél que no conquistó sus derechos como ciudadano y por eso debe disputar la basura con los cerdos.

Jorge Furtado dirigió en 1989 este corto documental utilizando el itinerario que hace un tomate como base para formular una crítica de la miseria humana, haciendo patente la cadena de relaciones que la construyen y la hacen invisible, que la sitúan como una parte lógica del orden social y económico en el que vivimos y que debido a su permanencia en el tiempo ya nos parece esencial y no accidental.