W_dinero
05/11/2012

¿Cuánto es suficiente?

En su ensayo ‘Las posibilidades económicas de nuestros nietos’, de 1930, el economista británico John Maynard Keynes predijo que al cabo de un siglo las sociedades industrializadas habrían progresado tanto que sus avances tecnológicos permitirían a las personas vivir con desahogo, sin apenas necesidad de trabajar, y que eso proporcionaría la felicidad.

Casi ese siglo después y tomando como punto de partida ese ensayo, Robert Skidelsky, historiador económico y reputado biógrafo del creador del keynesianismo, ha publicado junto a su hijo y filósofo Edward el libro ‘¿Cuánto es suficiente?’, en el que reflexionan sobre el sistema económico actual y el alejamiento de la sociedad del concepto de ‘buena vida’, algo que los seres humanos han intentado perfilar a lo largo de los tiempos, desde la Grecia clásica hasta el cristianismo o el marxismo.

Según el libro, el progreso y la fuerte mejora en las condiciones de vida que siguieron a la Segunda Guerra Mundial se torcieron en los años 80, cuando Ronald Reagan y Margaret Tatcher establecieron el crecimiento de la economía como fin en sí mismo y no como un medio para la consecución de la buena vida de las personas. Ese indicador de crecimiento, que no tiene en cuenta otras preocupaciones del ciudadano como la salud, el ocio o el Medio Ambiente, tuvo un triunfo rápido y contundente sobre el resto de fines de la economía debido al espectacular aumento en el nivel de vida de las décadas de los 60 y 70 y a la cercanía al pleno empleo en las sociedades occidentales. ‘En tales circunstancias, el pensamiento económico quedaba libre para concentrarse en la eficiencia de la eficiencia de la producción’.

La buena vida, a diferencia de la felicidad (algo privado y psicológico, no siempre conectado con las condiciones de vida) se basa para los Skidelsky en una serie de elementos básicos que el Estado debería promover, aunque corresponde a los ciudadanos disfrutar y desarrollar por completo: salud, seguridad (física o económica), respeto, personalidad (libertad para actuar con autonomía), armonía con la naturaleza, amistad (lazos afectivos con los demás) y ocio (lo que se hace porque sí, no por obligación o con un fin).

Los autores son optimistas sobre el futuro. Frente a la confusión entre necesidad y deseo que parece imperar, proponen una renovación ética, más políticas sociales y la reducción de la presión por consumir o la publicidad que altera la libre elección del ciudadano. Creen que hoy nos encontramos mejor preparados que nunca para esa buena vida: materialmente estamos mucho mejor que en los años 30 y el conocimiento es accesible a mucha más gente, dos factores que combinados con el despertar ético que puede suponer esta crisis económica podrían dejar a las sociedades avanzadas en una mejor posición de partida que la de Keynes en 1930.

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  1. Max Power

    Parece ser que los economistas llevan muchos años equivocándose :)

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