28/07/2014

De leones y hombres

No hace mucho, leí estupefacto que una persona moría devorada por un león en presencia de sus familiares, quienes, desde el coche que abandonó para fotografiar de cerca al animal, contemplaban el espectáculo aterrados.

No es que tal insensatez sea un fenómeno muy común entre los visitantes de la reserva, pero creo que en algún grado la desconexión general del ser humano con el medio biológico en el cual ha evolucionado le ha hecho perder un saber instintivo cuyo vacío ha sido ocupado por una estúpida visión paternalista hacia la naturaleza. Hasta los documentales emitidos por televisión sobre los animales tienen que montarse describiendo un pequeño argumento con final feliz para el destino del animal, que no hieran el bienestar moral del espectador.

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Da qué pensar esta poca identificación entre el hombre y la naturaleza. En Girona, alguien que sufrió una fuerte indigestión denunció al ayuntamiento por dejar crecer en un parque público el tipo de setas no comestibles que ingirió. El ayuntamiento tuvo que erradicarlas de sus parques. La domesticación deliberada de la naturaleza por el hombre oculta que integramos un sistema orgánico en el que el buen funcionamiento de una de sus células se corresponde con el buen funcionamiento de células de distintas clases, que son las que permiten a ésta optimizar su potencial. Recíprocamente ésta es la que con su buen funcionamiento facilita a su alrededor que el sistema prosiga reproduciéndose con estabilidad.

Nuestras especiales facultades no deberían pervertirse con la desconsideración hacia otras especies vivas, extinguiéndolas o ‘humanizándolas’, pues son éstas las que despiertan en nuestro cuerpo el saber instintivo y vegetativo sobre el que nuestra cognición debe asentarse para poder navegar hacia su plenitud. La perversión del sistema, o enfermedad, se evidencia cuando destruimos a nuestro alrededor las manifestaciones naturales de la vida que nos protegen psíquicamente del adormecimiento mental, del cual se aprovechan los mandatarios para infundirnos esta falsa seguridad institucional que llevó al pobre desgraciado a creer que podía fotografiar al animal salvaje ‘respetuoso’ con los turistas que han hecho el costoso viaje hasta ahí.

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