22/07/2013

Fabricado para romperse

Se denomina ‘obsolescencia programada’ a la determinación del fin de la vida útil de un producto, de tal forma que, tras un período de tiempo concreto decidido por el fabricante, ese producto se vuelve obsoleto, inútil, inservible.

Lo que se persigue con esta práctica es el lucro económico: en algún momento el producto fallará, y obligará —aunque esto es siempre relativo— al consumidor a comprar otro. Y así, sucesivamente. Este sistema de producción genera una ingente cantidad de residuos, lo que provoca un problema medioambiental, debido, en gran parte, a la falta de una gestión adecuada de esos desechos.

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Cualquier producto es susceptible de quedarse obsoleto prematura, programada y planificadamente: desde un móvil hasta la ropa que ‘se pasa de moda’. Aunque todo comenzó con una bombilla.

Antes de que los fabricantes adoptaran la obsolescencia como norma, allá por la década de 1920, se fabricó una bombilla en junio de 1901… que sigue funcionando hoy en día, más de cien años después. Se encuentra en una estación de bomberos de Livermore, California, en Estados Unidos. El artilugio despierta mucha curiosidad, por inusual, hasta el punto de que han instalado una webcam para seguir los años de vida de esta ‘anomalía’. ¡Y no es la única! Hay más bombillas centenarias funcionando, aunque no tan longevas.

Esta bombilla eterna inspiró al español Benito Muros, presidente de OEP Electrics, para crear una bombilla LED que no se gasta nunca. Muros, además, ha emprendido una encrucijada contra la finitud de los productos de la economía actual. Creó el Movimiento SOP (Sin Obsolescencia Programada) como ‘una nueva manera de pensar, de hacer las cosas. De crear un nuevo sistema en que los productos estén diseñados y hechos para durar para siempre y que no nos obligue a gastar innecesariamente, y ser más respetuosos con nuestro planeta’, según relata el propio Muros en una entrevista en La Vanguardia en 2012 .

Como es fácil imaginar, la bombilla de Benito Muros tiene dificultades para entrar en el mercado. Según cuenta en la misma entrevista, ‘las distribuidoras nos dicen que viven de las que se funden, y los grandes almacenes nos proponen duplicar su precio, a lo que nos hemos negado. Hemos tenido ofertas millonarias para no sacarla al mercado y amenazas de muerte, que están en manos de la policía’.

La idea es sencilla: si los productos no tienen fecha de caducidad, no se generarán residuos. Las voces que apoyan la obsolescencia argumentan que su desaparición colapsaría el sistema, ya que miles de personas perderían su puesto de trabajo. Lo cierto es que en el planeta ya somos más de 7000 millones de personas. La cantidad media de basura que generamos cada uno de nosotros es de más de 1 kilo al día, según la oficina de estadística Eurostat. Es decir, en un día producimos más de 7000 millones de kilos de basura. Muchos de estos residuos no son biodegradables, y otros muchos son, además, contaminantes. La situación se revela insostenible.

El documental ‘Comprar, tirar, comprar‘, de Cosima Dannoritzer, analiza el tema en profundidad, y ofrece una singular solución: arreglar en lugar de comprar. Una reflexión interesante.