18/05/2012

¿Los grandes nacen o se hacen?

Esta es una de las importantes preguntas que el ser humano se ha hecho desde el principio de los tiempos. Quién sabe con qué propósito, acaso el de convertirnos a todos en potenciales genios. ¿Sería eso posible? Al hablar sobre ello, uno siempre piensa en Mozart, Einstein, Picasso o, últimamente, en Bill Gates o Steve Jobs. ¿Cómo vamos a compararnos con ellos? Parece algo impensable.

Y eso es debido, en parte, a los numerosos trabajos científicos que se han llevado a cabo sobre la cuestión. Sí, parece que con la educación adecuada, y en un entorno favorable, todos podemos desarrollar unas increíbles habilidades. Pero ¿podríamos hablar de genialidad?

La mayoría de los estudios realizados hasta la fecha aseguran que, para poder hablar de genialidad, además de estudio, trabajo y tesón, hace falta además algo innato. Concluiríamos, entonces, que los grandes nacen y se hacen, aunque la proporción de lo uno y lo otro se desequilibra hacia el lado del ‘se hace’. El documental ‘Mi gran cerebro’, producido por National Geographic, en el que colabora el norteamericano Arthur Toga, profesor del Departamento de Neurología en la Universidad de California, apunta en esa dirección.

Pero hay algunas voces que discrepan. El escritor, periodista y cineasta David Shenk, en su libro ‘El genio que todos llevamos dentro’, se enfrenta a este determinismo imperante y niega que exista eso que llamamos talento innato. Shenk trata de probar que los estímulos del medio o nuestros propios nervios son capaces de activar o desactivar la influencia de los genes. De ahí que nuestro talento esté definido por la manera en la que utilizamos la herencia que hemos recibido, más la interacción con el mundo que nos rodea.

No podemos explicar por qué un niño de tres años es capaz de tocar una melodía de Beethoven, pero sí entendemos que una joven que no nació con un cerebro privilegiado puede convertirse en maestra de ajedrez a base de una educación excepcional, disciplina y entrenamiento. De eso se trata: de potenciar y conseguir lo que está en nuestras manos, lo que depende de nosotros. Eso exige dedicación y cierto sacrificio. Sólo hace falta que estemos dispuestos a ello.